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¡Llegó Isabel Itzel!

Bueno, este posteo está algo atrasado. Mi preciosa niña ya superó el tiempo que estuvo dentro de mí. A sus nueve meses se sienta, rueda, gatea, avanza agarrada de un objeto, dice sílabas sencillas, come de todo y por fin tiene su primer dientecito. Está enfocada en conocer todo lo que le rodea. Ríe bastante, e intenta agarrar todos los objetos a su alrededor. Protesta si no la dejo.

Es increíble cómo ha cambiado mi vida desde que esta pequeña llegó. Y debo agregar que ha cambiado para mejor. Isabel ha traído alegría y felicidad. Si bien es cierto que hay nuevas preocupaciones, en la vida no se logra obtener satisfacción si no hay que superar retos.

Así que el día de hoy tengo ganas de compartir mis experiencias como primeriza, así que dedicaré este posteo a realizar un resumen de todo lo acontecido, desde su nacimiento hasta ahora.

Como sucedió todo

Sin entrar en tantos detalles, después de doce horas y 5 cm de dilatación, ocurrió un descenso en el ritmo cardiaco de la bebé y el doctor procedió con la cesárea. Hasta ese momento, las técnicas de respiración me habían ayudado a manejar las molestias. Pero ante el conocimiento del peligro que corría la vida de mi hija, perdí el control sobre el dolor  y empezaron las náuseas y malestares. Sin embargo, apenas escuché ese llanto, supe que estaba entre nosotros, sana y despierta, sin ningún problema a pesar de todas las eventualidades. Me olvidé de todas mis angustias.

Esa noche pude descansar gracias a la anestesia, pero al día siguiente sentí un dolor tal que impedía que pudiera levantarme de la cama. Después de todo, había pasado por una cirugía. Nunca comprendí cómo una embarazada podía querer desear una cesárea. Ahora que he tenido la oportunidad de pasar por esta experiencia refuerzo ese pensamiento. Si hubiera pasado por un parto natural, no hubiera tenido que tomar tanto tiempo de repos

En el hospital: Los primeros días de vida.

Debido a mi operación, en lugar de tener una pronta salida del hospital, debí quedarme un par de días adicionales. Solo la veía cuando era necesario alimentarla. El resto del tiempo la cuidaban las enfermeras. Uno de los momentos más increíbles (para mí) fue cuando le di pecho por vez primera. Ese primer vínculo entre ambas fue asombroso. Y como buen diente que es Isabel, no tuvo problemas para tomar leche. Más adelante (durante la estadía en el hospital) sí tuve que lidiar con otras dificultades, como el hecho de que tomara suficiente pecho antes de dormirse.

El primer mes

En definitiva el primer mes es el más duro en la vida de un ser humano. Y en la de los padres. Isabel en particular no podía controlar sus bracitos y terminaba arañándose y sin dormir. Hubo que enchumbarla hasta los cuatro meses, y de ahí poco a poco fue olvidándose de tener que dormir acurrucada. Aunque dormía más que un adulto, los lapsos de sueño eran de dos a cuatro horas todo el día, en lugar de ocho horas seguidas como un adulto. Por si esto no fuera suficiente, los lapsos de sueño “largo” eran de día, no de noche. Nuestro calendario estaba invertido. De cualquier forma, era poco lo que uno podía dormir. El solo pensar en que no se ahogara, que estuviera respirando bien, que no tuviera frío, que no le cayera una enfermedad… todas estas cosas contribuían a que fuera menor el poco tiempo de descanso que uno podía tener.

Adicionalmente, tuve que ponerme estricta con respecto a la alimentación. Todo lo que yo comía era absorbido a su vez por Isabel. Pocas fritangas y demás alimentos de bajo valor nutricional. Para alimentarla, siempre usé leche materna (hasta donde alcanzó), pero combinaba el uso de mamaderas, para que se acostumbrara. Esto junto con amamantar ayudó a que yo perdiera todo el peso del embarazo en dos meses.

El baño

Al principio, Isabel no era fanática del baño. Desde el inicio la bañé con agua tibia, y sin embargo lloraba. Luego decidí cambiar la técnica de baño: empecé lavando el cuerpo y de último la cabeza. Igualmente lloraba. Le tomó aproximadamente dos meses acostumbrarse a la rutina del baño. Dentro de la tina la acostaba sobre un soporte (sapito) hasta los 6 meses. Al llegar a esa edad, ella no quería saber de estar acostada sobre él. Para ese momento ya se sentaba bastante bien por su cuenta. Finalmente, tuve que jubilar la tina a los 7 meses.Para entonces se ponía de pie y a duras penas cabía en ella. Así que empecé a bañarla en la tina de nosotros. Al principio se quedaba quietecita en un solo lugar. Después agarró confianza y empezó a trasladarse dentro de ella, explorando todo.  Le gusta ponerse de pie por su cuenta, más que gatear. Pero si hay algo que no ha cambiado es la incomodidad que por alguna razón inexplicable le causa el vestirse. Ahora resulta más difícil porque se levanta, lo cual ha hecho que ponerla en el cambiador sea algo inservible.

La comida

Como regresé a la fuerza laboral cuando ella tenía 4 meses, antes de cumplir esa edad fueron pocas sino nulas las veces que ingirió  algo distinto a leche materna. Lo primero que tomó y que fuera distinto fue la leche en polvo. Luego tomó jugos y papilla de cereal. Al siguiente mes le agregaron a su dieta frutas. Luego vegetales, miniestras y carne. Para el noveno mes se le permitió comer “de todo”. A la fecha todo lo come en forma de licuado o puré. Por alguna razón no quiso seguir tomando jugo al quinto mes. Por lo demás, todo lo que se le ponga en un platito se lo come.

Y este es un pequeño resumen de algunas experiencias junto a mi hija. En algún momento me dedicaré a escribir acerca de los  “primeros” acontecimientos en la vida de Isabel.  A la fecha algunas de estas “primeras experiencias” han sido muy agradables, como su primera sonrisa. Otras en cambio han sido preocupantes, como su primer resfriado. Como dije al principio del posteo, tenerla en mi vida ha sido uno de los más grandiosos eventos que han ocurrido en mi existencia.  Nunca pensé que sería tan feliz siendo mamá. Admito que el primer mes fue muy difícil. Pero una vez superamos juntas esa etapa, todo fue para mejor. Al final del día todas estas experiencias añaden páginas al libro que narra la vida de mi pequeña. Confío en que Dios me permitará agregarle muchas anécdotas más, bajo la protección de nuestra querida madre la Virgen María.

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